Recuerda que

Un día desperté sintiendo mi cuerpo sumamente ligero, extrañado y confundido me puse a pensar el porqué. De pronto, recordé esto:

Un susurro al vacío, por todas esas veces que amé intensamente dando consigo múltiples decepciones y satisfacciones.

Un suspiro, por todo el tiempo que perdí lamentando tantas cosas que realmente ya no valían o nunca valieron la pena.

Una lágrima, por no resignarme a dejar lo que ya había perdido cada noche que medité y me torturé con eso.

Un cigarrillo, por esperar lo que nunca llegaría, desgastando así mis pulmones para aliviar la ansiedad.

Un abrazo, el cual me debo y siempre necesité de mí mismo para saber que todo estaría bien.

Un aplauso, porque a pesar de lo destruido que quedé supe como levantarme de las cenizas.

Un adiós, para todo aquello que supo lastimarme y volverme mierda.

Una sonrisa, para motivarme de ahora en adelante.

Un bienvenido, a todo lo nuevo que está esperándome.

Porque a pesar de estar sumido en el abismo pude notar que no estaba solo, me tenía conmigo. La luz no proviene de alguien que extenderá su mano para salvarnos, la luz proviene de tí mismo y solo tú sabrás reflejarla para encontrar el camino.

Estar perdido en la deriva me hizo ver que nadie estaría ahí para encontrar mi rumbo. Grité, lloré, me revolqué en el suelo, me ahogué, sufrí, caí en silencio y entendí que yo mismo soy quien tengo que tomar las riendas y emprender el camino de retorno a casa.

Quizás, solo quizás, si nos otorgáramos estas simples cosas todo fuese diferente.

Ahora todo está claro, y estoy en casa. Recordando el porqué sentía mi cuerpo con tanta ligereza.

 

 

 

 

 

 

La historia de nuestras vidas

#Día 1

Intenté pensar dejar el pasado en lo que era, pasado. Busqué desesperadamente enterrar lo que fue, lo que llegó a consumir mi existencia hasta dejarme en nada pero en una larga reflexión conmigo mismo me di cuenta que, por más que deseara huir y olvidar todo lo negativo siempre estaría ahí. Solo yo podría determinar si me atormentaría o simplemente fuese un observador más.

Colapsé.

Volví en mí, me recompuse y dije -¿Por qué debería perseguirme algo que fue?-

Solo debía saber perdonar mis pecados, lavar mis culpas, y expiar mis demonios. El presente me hace pisar tierra diciendo -Todo estará bien- rozando mis cicatrices -No llores más, la tormenta ya pasó.-

El futuro tímidamente me miraba , intentaba a toda costa levantarme de mis cenizas -Déjate guiar por mí, te llevaré hacia un camino diferente. No sufrirás más-

Aunque así en mi desconcierto y mi temor he podido terminar con mi taza de café, tengo una idea clara. Sé que por más ansioso y preocupado que pueda estar ya no puedo ni quiero dar vuelta atrás. Es hora de emprender un viaje diferente, necesito explorarme, encontrar cosas nuevas que puedan aliviar mi corazón, necesito purificar mi espíritu.

Y así, en medio de tantas preocupaciones miré hacia la ventana y ví lo hermoso que está en cielo, primera vez que lo veía tan brillante y azul -¿Por qué no arriesgarse una vez más?- Sonreí.

¡Adiós pasado! Sé que convivimos tanto dolor juntos. Estuviste ahí, consolando mis noches y lastimándome aún más con el recuerdo, ahogándome dulcemente con la nostalgia pero ahora me toca vivir la vida.

Caminé hacia la puerta, abrí. El resplandor del sol me iluminó opacando mi visión, el viento sopló cálidamente mi rostro y despeinándome. Inhalé.

Es hora de algo nuevo.

Deshaciendo el hilo

No sé si creer en el destino – ¿Realmente toda nuestra vida ya está escrita? – Pregunto

Me rehúso a creer que no podemos hacer algo que pueda cambiar eso. Pienso que somos dueños de nuestras acciones, de nuestras vidas. Quedar a merced de una fuerza mayor que controla el hilo de todo sería como resignarme a que mañana podría morir, aún yo teniendo toda la disposición por vivir mi vida, por decir un ejemplo.. Quizás suene un poco extremista, pero no lo sé…

Queda todo en silencio.

– ¿Qué puedes hacer tú para hacerle frente a eso? – Pregunta maliciosamente.

– No lo sé, realmente me siento abrumado y consternado. Saber que mi vida solo es el libreto de la historia de alguien más es algo que me deja perplejo – Digo, apartando la mirada.

Por un instante sentía que me resignaba a aceptar los hechos, dispuesto a no seguir con aquella conversación pero algo me hizo pensar y detener todos esos pensamientos.

– ¿Y si quiero romper con aquél libreto? –  Volteo mi mirada hacia él.

– ¿Qué pretendes? –  Dijo de manera intrigada.

– Quiero ser dueño de todo lo que suceda en mi vida, que ningún libro determine lo que sucederá conmigo. Te aseguro que eso no está escrito, nadie quisiera hacerle frente a lo que sea que controle nuestras existencias.

– ¡Es una completa locura! No te imaginas lo que puede llegar a sucederte si intentas desafiar fuerzas que desconoces – Gritó, tratando de advertirme – No pretendas a jugar ser Dios, las cosas están para que sucedan y ni tú ni nadie podrá contra eso.

– Por tu manera de reaccionar, algo temes, lo sé. Ya me has dado la respuesta que necesitaba. Me marcho.

En ese instante supe que algo dentro de mí había renacido, quiero recuperar el control de mí vida y no importa a donde tenga que llegar. Lo haré.

Ni el propio destino sabrá lo que le espera.

 

Tras unos cigarrillos

Quisiera poder decir que ha sido suficiente dolor, pero no.

Mi cuerpo ha soportado una carga que nunca quiso aceptar.

Mi corazón resistió embates que no esperó.

Mi alma se quebró.

-¿Por qué lloro? ¿Qué me sucede? – Pregunto.

Quizás sea solo sea la resignación que me supo ganar la poca esperanza que aún tenía, no lo sé. Será mejor fumar un cigarrillo en la soledad para poder drenar mis lágrimas.

Quisiera poder decir que ha suficiente dolor, pero sí. Me decidí.

Mi cuerpo se cansó de esa carga, y la desechó lejos.

Mi corazón apenas pudo sobrevivir.

Y aún sigo buscando los pedazos fragmentados de mi alma.

Solo me queda la melancolía en medio de tanta tristeza, los cigarros ya se me terminaron pero mis lágrimas han dejado de recorrer mis mejillas.

Quisiera decir poder decir que ha suficiente dolor, y sí. Lo es.

Mi cuerpo yace tirado en la tierra, descansando.

Mi corazón está recuperándose.

Pero mi alma…. Recolecté sus fragmentos aunque ya no volverá a ser lo mismo.

Ahora me encuentro en calma, iré por unos cigarrillos para poder reflexionar.

La tierra de los condenados

Capítulo Final

“El principio del fin”

Una vez declarada la guerra los tiempos oscuros por fin habían llegado para todos nosotros, dar vuelta atrás era imposible. Luchar para vencer era nuestro ideal como rebelión, y si he de morir será por la libertad de nuestro pueblo.

Ya no era solo era una voz que se había puesto en contra, se sumaron cientos de miles que se unieron para darle un alto a las atrocidades del estado. Ya no era la lucha de una sola persona, era la lucha de todo país que se alistó en nuestras filas.

Por todos los que un día despertaron y no pudieron creer que estaban en este infierno, como Alejandro.

Por todos aquellos que perdieron a un amigo o ser querido por falta de medicinas, como Víctor.

Por esos estudiantes que iniciaron la lucha y estaban decididos a seguir firmes, como Jhon.

Por esas madres valientes que estarán dispuestas a dar la vida por sus hijos, como Emma.

Por esas personas que tuvieron que dejar partir a sus seres queridos a un lugar seguro lejos de este infierno, como Ricardo.

Todos ellos, así como yo, luchamos por diferentes razones pero con mismo objetivo. Liberarnos de las ataduras del régimen.

En mi poder estaba la clave para el éxito de nuestra misión, siempre agradeceré el sacrificio, la valentía y la brillantez de Marco, él quien ideó una forma de como hacerle frente al demonio y salir victoriosos. A ti dedico todo el empeño que pondré en el campo de batalla.

Luego de meditar en silencio y de tener una larga platica conmigo mismo me dispongo a salir afuera, tirando la vista hacia mi alrededor noto que yacen miles de almas llenas de coraje esperando instrucciones, esperando que los guíe en esta lucha.

Al frente, un pequeño estrado improvisado, me dispongo a colocarme y dar unas palabras.

Los miro a todos, los nervios me ganan por un momento pero me detengo a pensar.. Si todas esas personas están aquí y porque creen en mí, confían que yo los podré dirigir hacía el triunfo, necesito tomar valor y llenar sus espíritus de valentía.

De pronto, las palabras comienzan a fluir de mí.

Queridos hermanos y hermanas, agradezco una vez más que estén todos aquí reunidos, por abandonar ese miedo de permanecer quedados en su casa a resignarse, por hacerle frente de una buena vez por todas al mismísimo demonio. Esta lucha que empezará no es cualquier cosa, estamos jugándonos no solo es destino de nosotros sino también el de muchas generaciones que vendrán, basta ya de seguir permaneciendo en las sombras, es hora ya de recuperar nuestra tierra. Atrás quedaron los condenados que fueron masacrados, violados, torturados y silenciados. Hoy por fin obtendremos la tan anhelada libertad, lo que por derecho siempre nos perteneció.

Esta batalla será de vida o muerte y la supremacía de algún bando se impondrá, les aseguro que seremos nosotros quienes nos impondremos. Eso sí, a costa de dar nuestra vida si es necesario, el sacrificio lo será todo y yo juro hoy ante ustedes que entregaré todo de mí para conseguirlo.

El hecho que ustedes hayan reunido fuerzas donde no las tenían, ese deseo voraz que yace en sus corazones ya los hace guerreros indestructibles- No deberemos retroceder en ningún momento. Nuestro enemigo querrá jugar con nuestras mentes, con nuestras debilidades y miedos, no dejen que los afecte, ya no más. Muchos de ustedes han dejado todo atrás; familia, amigos, parejas. No dejen que eso sea en vano, todo esto es por ellos y por nuestra tierra santa.

Ellos esperan que nosotros demos el primer paso, pero lo que no saben es que tenemos un plan ideado, no se esperan lo que vendrá y de ahí nos afianzaremos para tomar la delantera. Solo le pido a Dios que ilumine nuestro camino en medio de tanta oscuridad, porque no solo necesitaremos fuerza y energía para combatir, necesitamos confiar en la luz para poder seguir en medio del infierno.

Hoy la tierra de los condenados librará la batalla definitiva, y ganaremos.

Termino y solo escucho como miles de aplausos se unen en uno solo para hacer una ovación que me eriza la piel. Observo sus caras, todos lleno de una motivación incomparable, pude sentir lo listos que estaban para salir a la batalla.

Solo unas horas restan para empezar, los nervios se han aplacado y los ánimos se están a millón. Me dispongo a mirar al cielo y orar por nuestras almas, sé que allá arriba hay alguien que me está escuchando sé que nos protegerán.

De pronto, alguien llega de sorpresa a nuestro campamento y para la sorpresa de todos era un joven militar, desertó de las filas del Estado y se unió a nosotros. Una larga conversación con él bastó para darme cuenta que no era un infiltrado, era un alma torturada y manipulada para matar, solo que este se aferró a su humanidad, creo que era una última pieza que nos faltaba púes nos aportó una información valiosa. Me entregó la ubicación exacta del Procurador General y en eso, Marco vino a mi mente, hay una cuenta que saldar y lo haré.

Ya todo está listo, y toda la rebelión se encuentra preparada. Solo unos minutos nos esperan para iniciar, mi corazón se detiene, ya no puedo darme el lujo de cometer un error, hay vidas dependiendo de mis decisiones. No suelo fumar, pero me dispongo a encender un cigarrillo, solo para aniquilar cualquier resto de ansiedad.

El sol ha caído, es momento de partir. ¿Están listos?

La hora cero ha comenzado.

 

 

 

La tierra de los condenados

Capítulo X

“El último aliento”

Y ahí me encontraba, ahogándome en mi propio charco de sangre, escuchaba el cántico de unas sirenas a mi alrededor y mi cuerpo yace adormecido un gran agujero en mi pecho. Apenas podía distinguir las sombras que estaban cerca, se regocijaban de tenerme inmóvil, casi muerto.

En medio de mi estado tan moribundo un recuerdo vino a mi nublada mente..

Hace dos años atrás me encontraba estudiando en la facultad de leyes de la Universidad de la Capital. Mi nombré era Marco, era un joven tan lleno de esperanzas y sueños por cumplir, tenía un espíritu insaciable de justicia, estaba listo para afrontar los retos que llegasen.

Provenía de una familia acaudalada, todos profesionales y personas realmente cultas. Durante la instauración del nuevo gobierno mi padre fue designado por el alto mandatario para ejercer funciones como Procurador General, cargo muy importante del departamento de Justicia que tiene atribuidas diversas competencias en relación con la defensa de los intereses públicos y la protección de los derechos de los ciudadanos. Me sentía sumamente orgulloso de él, era mi modelo a seguir y no dudaba que desempeñaría una excelente labor -Algún día quiero ser como padre- decía todo el tiempo, enalteciendo su figura.

Todo comenzó muy bien, hacía su trabajo de manera incomparable, estaba hecho para el cargo, pero, las cosas cambiaron repentinamente. El nuevo Estado empezó por adueñarse de todos los poderes públicos, cambió la ley por completo para ser intocable y dictó a su antojo lo que le paciera. Eso sí, todo aquel que estuviese en contra sería atrapado, encarcelado, torturado, o simplemente era desaparecido.

No entendía lo que sucedía, papá ya ni llegaba a casa, pregunté por el a mi madre y ella solo apartaba la mirada de mí, ¿Es que acaso nadie se daba cuenta? ¿Por qué el Estado hacía todo eso y mi padre no se los impedía?

Un día él llegó a casa, yo estaba listo para confrontarlo.

-¡¿Por qué?! – dije en voz alta, lleno de ira.

– No lo entenderías, eres joven e inmaduro – dijo, sin siquiera hacer contacto visual conmigo.

– ¿Padre, no era tu deber defender al pueblo? ¿Por qué permites toda esta atrocidad?

– Marco, es hora que vayas adaptándote al mundo real, así es todo. Los más fuertes siempre harán lo que deseen y los débiles deben obedecer, tú eres un chico que goza de muchos privilegios, no debes preocuparte por la gentuza. ¡Ahora cállate y no vuelvas a confrontarme más nunca! – Gritó.

Me sentí devastado, confundido, abrumado… La persona que era mi ídolo, mi modelo a seguir, el hombre que siempre soñé seguir y algún día ser igual a él solo era una fachada, una vil mentira. Algo en mí se quebró en ese momento.

– ¡Me das asco! – dije decepcionado.

Se acercó a mí con un rostro diferente, era un bestia y solo ví venir aquel puñetazo lleno de odio sobre mi cara, luego se marchó. Ese día aquellos que eran padre e hijo dejarían de serlo para siempre.

Harto de seguir en lo mismo fui el primero que dio un paso adelante en contra del régimen, rechacé por completo toda norma que fue impuesta al pueblo, alcé mi voz para reclamar los derechos de mis iguales, y procuré defender a los más indefensos. Causando así que todos en mi familia  y todos los que consideré amigos me dieran la espalda, fui exiliado. Sin contar que, el alto mandatario supo de todo lo ocurrido y ordenó a mi padre que fuera él quien me atrapase.

Eso fue mi condena, él desató una búsqueda implacable por mí y juró que no descansaría hasta obtener mi cabeza, mostrándola como muestra del poder que poseía el Estado. Se obsesionó con encontrarme.

Pasó un largo tiempo, estuve escondido en las sombras, siempre huyendo. No podía mantener contacto con el mundo, cualquier descuido implicaría perder la vida.

Pude presenciar como nadie se oponía a los desastres que ocurrían, las personas estaban resignadas y no había manera de cambiar eso, sentía que los tiempos oscuros ya habían llegado. Estaba un punto en el que medité bastante si fue correcto enfrentar todo eso solo, tal parece que no existía otra persona como yo que anhelara la libertad de los suyos, gracias al cielo siempre caía en cuenta que no podía ser igual al que solía ser mi padre, no sería un monstruo.

En las largas noches oculto venía a mi mente un plan, era algo constante. Venía a mí en sueños, me acosaba en los cortos tiempos de distracción, y ocupó mayor parte de mis pensamientos, así que lo elaboré. Un plan que serviría para derrocar al alto mandatario.

Siempre tenía que cambiar de sitio, era peligroso permanecer en uno especifico y en medio de eso ví lo que tanto tiempo esperé… Un joven llamado Simón, tal como yo hice tanto tiempo atrás se levantó entre los arrodillados y levantó su voz en contra del demonio mismo y le declaró la guerra.

Quedé sorprendido y aliviado, sabía que había encontrado a la persona correcta. Lo busqué, fue difícil dar con su paradero, pero, lo pude hallar. Pactamos un encuentro secreto a las afueras de la capital.

Fue una conversación de 2 horas, le conté mi historia, y le otorgué lo más preciado, la llave de la victoria. Me agradeció enormemente e incluso, me invitó a combatir a su lado como su mano derecha, yo me negué, tenía algo que concluir. Nos despedimos.

-Ojalá puedas cumplir con lo que tanto he deseado, Simón. Confío en tí – dije

– Te aseguro que daré la vida por ello, Marco –  me abrazó.

Ahora había delegado mi misión a otra persona, en el fondo sabía que lo lograría, pude notar su determinación. Solo me restaba ir por él.

Era de noche, me escabullí entre la seguridad personal que tenía y lo esperé en su despacho. Sabía que él a las 8 pm solía venir y revisar unos documentos antes de ir a casa. Lo tenía precisado.

Llegó, estaba solo.

– Ha pasado tanto tiempo, Padre – le dije, apuntándolo con un revolver – Espero no se te ocurra pegar un grito –

– Tanto que te busqué, te perseguí y te acorralé.. Ahora, me tienes, es algo irónico, ¿No lo crees, Marco?

– Padre, ¿Por qué? Preferiste la ambición del poder que a tu propio hijo, te corrompiste hasta cambiar tu esencia – dije.

– Siempre tan inmaduro e ingenuo como siempre, Marco. Nunca entendiste cómo funcionaba el mundo real. ¡Es una pena, tenías potencial! – dijo, mientras se servía un trago de Whiskey – ¿Qué harás ahora? ¿Me quitarás la vida?

– Quisiera poder hacerlo, causaste un daño irreparable a tantas personas, pero, ¡No puedo ser como tú! A pesar de todo yo todavía te amo, Padre y he venido a perdonarte – bajé el revolver.

– Marco, Marco, Marco….. Nunca volverás a ser mi hijo, eres mi enemigo, mi presa y mi deber es cazarte hasta quitarte la vida – dijo, bajando su trago de Whiskey – Venir acá ha sido un error que te costará caro.

En ese momento solo sentí un ruido estremecedor, mi cuerpo de pronto estaba muy frío, caí.

Ahora todo está claro.

Desperté de aquel recuerdo y seguía tendido en el suelo. Un escolta de mi padre se percató que estaba en la habitación y me disparó por la espalda. Ahogándome en mi propio charco de sangre podía notar como la vida se me desvanecía, las sombras ahora salieron a relucir y por el rabillo del ojo pude ver como estaba mi padre, celebrando junto a otras personas que por fin pudieron acabar conmigo.

Más que sentirme triste, me estoy yendo en paz, no le tengo rencor; tampoco me iré odiándome. Sé que ahora el destino de un pueblo recae en una persona, ese es el libertador. Ojalá hubiese podido luchar a su lado.

Desprendo un último aliento de mi cuerpo, se siente tan….. Libre.

 

La tierra de los condenados

Capítulo IX

“Espérame, amada mía”

Un día como cualquiera en medio de mi profunda soledad divagaba por las ya destruidas calles de la capital, todo era como de costumbre y la desidia hacía de las suyas. Ya realmente no me importaba lo que sucedía a mi alrededor, eso me tenía bastante desgastado.

Mi recorrido termina con una charla conmigo mismo como proceso de catarsis ante la depresión, 5pm y llego a un solitario parque que yace en ruinas. Estar en ese lugar me produce una tranquilidad tremenda, dado que podía encontrar de cierta un momentáneo lapso de tiempo para no perder la cordura.

Los minutos ahí parecieran eternos, se siente como si el tiempo se detuviese un largo rato.

Mi lugar favorito, mi templo, mi refugio, el único sitio donde puedo escapar por fracciones de tiempo del infierno. Ojalá nunca lleguen a profanar la gris esencia de mi paraíso.

De pronto, distingo a lo lejos la figura de alguien que caminaba por el lugar.

-¿Quién podrá ser? – Pregunto confundido.

Nadie ha venido para acá en años, la crisis tiene consumida de tal manera a las personas que ya no desean venir a caminar a un parque, menos a este que está destruido. Me dispongo a investigar para saber quien se había adentrado a mi mundo.

Mi sorpresa no se hizo esperar al detallar que, era una chica. Se encontraba observando el paisaje y tomaba fotos de cada cosa, quedé muy intrigado, quería saber más.

Acercándome a ella puedo ver que voltea y dirige su mirada hacia mí, pude notar que también estaba confundida de verme en ese lugar. Mientras me acerco la voy detallando y entro en cuenta de lo atractiva que es. Puedo decir que contemporánea conmigo, no más alta que yo, calculo 1.75, un color de cabello negro muy oscuro tanto como la misma noche, su tonalidad de piel tan blanca como la nieve, mejillas ruborizadas, facciones bien definidas de su cara y posee unos ojos grisáceos que captaron mi atención rápidamente. Todo esto lo analizo en el momento voy acortando la distancia hasta llegar a ella, sentí nervios.

-Eh, hola. Disculpa ¿Quién eres? – le pregunto

Ella muy tímidamente responde y me devuelve la pregunta con otra más incluída.

– Hola, me llamo Victoria, ¿Y tú? ¿Qué haces en este lugar?

– Me llamo Ricardo, mucho gusto. Bueno, podría hacerte fácilmente esa misma pregunta, yo siempre estoy aquí, pensando.

– Interesante, Ricardo. Yo estoy aquí porque soy fotógrafa y estoy realizando un proyecto. Más específicamente, estoy captando la esencia la devastación producto de la crisis, y este lugar había despertado mi curiosidad – respondió.

No puedo ocultar mi asombro, nunca antes había conocido a alguien que se fijara en este lugar, mucho menos que se interesara en ir a cada sitio que ha sido vulnerado y sacar una imagen de ello.

– Victoria, debo admitir que me agradas – dije entusiasta.

Sus mejillas ruborizadas se hacen cada vez más rosadas y cabizbaja me responde

-Ehhh, gracias. Ya me tengo que ir.

Algo dentro de mí me hace pensar que si no le digo algo jamás tendré la oportunidad de verla nuevamente. No sé por qué razón haré lo siguiente pero me arriesgaré.

– Victoria, sé que no nos conocemos, pero, ¿Te gustaría volvernos a encontrar?

Ella se ruboriza mucho más y eso de alguna manera me causa una sensación cálida en mi pecho.

– ¿Por qué deseas que nos veamos?- pregunta tímidamente

– Deseo saber más de tí, me pareces alguien interesante, no te mentiré.

Su rostro se pone tan rojo como un tomate que fue hasta gracioso, pero tierno. Titubeó tanto para poder responderme con claridad, pude ver que no se esperaba esa respuesta.

– Está bien, Ricardo. Veámonos nuevamente, ¿Te parece mañana a esta misma hora?

– Me parece perfecto, ¡Hasta mañana! – digo emocionado.

Ella sonríe, y se retira.

¡Maldita sonrisa! Fue un golpe que no supe esquivar.

Pasan los días, ella y yo cada tarde pactamos para encontrarnos en el mismo sitio y a la misma hora, conversamos sobre muchos temas, la mayoría, sobre la situación actual de la crisis. Cada conversación implica encontrar algo diferente de ella que me produce una sensación tan agradable como para ser cierta; sus gestos, su forma de hablar y referirse a las cosas, su mirada, sus chistes malos, su personalidad tan extrovertida que no había mostrado la primera vez.. Tenemos tanto en común, ambos sentimos una fuerte necesidad de ver nuestro mundo cambiar, producir un cambio, debo admitir que, ella volvió a despertar esas ganas de querer luchar.

Lo que si no puedo negar es que nos diferencias ciertas cosas; su familia, todos de la alta sociedad, eran pudientes. En cambio, yo era un simple chamo común y corriente que trabajaba para poder subsistir. Eso a ella no le importa, aplacó esa inseguridad que tenía yo.

En una de nuestras despedidas confieso lo mucho que me gusta y todo lo que ha ido formándose hacia ella, fue algo aterrorizante. Ella correspondió a mis palabras, a todo lo que sentía y sellamos aquel especial momento con un beso.

De alguna manera, aunque me cueste entenderlo, su camino se ha juntado con el mío. Dos extraños que una tarde buscaban cosas diferentes se conectaron y ahora juntos compartir una visión y un sentimiento fuerte.

Pasan los meses, me he estado enamorando profundamente de Victoria y ella de mí, nuestros lazos se vuelven profundamente unidos y hemos tenido que soportar tanto, sobre todo a su familia quienes al enterarse se opusieron rotundamente a nuestra relación. Algo típico y sacado de una novela podría decir. Ella sin dudarlo sigue adelante junto a mí y enfrentamos cada obstáculo que se opone. Aunque, la verdadera prueba de fuego está por llegar, lo presiento.

Un día estamos caminando juntos por las calles de la capital  y ya hecho un cierto recorrido detengo nuestra marcha y volteo a verla fijamente.

– ¿Sabes? No te imaginas lo mucho que significas para mí, tú me devolviste las ganas de vivir, me brindaste la posibilidad de reivindicar mis errores. Ya no soy un ser vacío, ahora puedo decir que soy alguien que puede dar todo de sí mismo por los demás, eso te lo agradezco tanto Victoria.

Ella, sonrojada y confundida me besa.

– ¿A qué se debe tan linda declaratoria? Me pregunta.

Ese brillo que irradian sus ojos ha sabido como hacerme sucumbir, tal como la primera vez.

– Porque eres el amor de mi vida, y te amo. Eres por mucho la persona más importante de mi vida, yo sin dudarlo enfrentaría lo que sea por tí, para que estés bien. ¿Entiendes eso? – mi respiración se hace tensa.

– Ricardo, me dejas sin palabras. ¡Te amo! Desde el primer día te robaste mi atención. Por más oscuro, depresivo, callado y melancólico que te ví aquel momento yo quedé profundamente atraída hacia ti. Viendo el hombre que eres me he podido dar cuenta que estoy muy enamorada y que quiero permanecer a tu lado siempre. – me tome de la mano.

Ha pasado tanto tiempo y aún así esos pequeños gestos sabían como enamorarme más de ella. Por más que todo lo perfecto que se ve todo, yo sigo presintiendo que algo malo sucederá.

Una mañana pasa lo que nadie se esperó jamás. Un hombre se alza en medio de todos y declara la guerra contra el alto mandatario y todo su gabinete, por fin llega el líder que tanto el pueblo había esperado y que por temor todos callaban.

Los tiempos oscuros vendrán y nadie estará a salvo, correrá mucha sangre.

Llegó el momento de librar una lucha para la que sé que había nacido estar, gracias a Victoria pude recobrar ese camino y estoy decidido a estar en el frente de batalla. Aunque, me frenaba la idea que ella querría estar ahí conmigo. No podía permitirlo.

Victoria me cita a un encuentro en el parque donde nos conocimos, como de costumbre, a la misma hora. Al llegar la encuentro a ella sentada en un banquillo, muy triste.

– ¿Qué sucede? ¿Te pasó algo? – pregunto inquieto

– Ricardo, sabes bien que la guerra está por comenzar y mi familia ha decidido que todos nos marcharemos para huir cuan lejos sea posible. Ellos me han dicho que ya el país está demasiado colapsado como para seguir permaneciendo aquí, y sin consultarme nada arreglaron un viaje rápido para mañana. Sé lo que piensas, pero, yo me quiero quedar contigo y luchar a tu lado. No quiero dejarte aquí, no lo permitiré. – Dijo. en medio de sollozos.

Sentí como el corazón se me fragmentaba en miles de pedazos y se partía poco a poco, respirar me costaba y mis ojos querían disponerse a soltar todo el llanto posible. Sin embargo, interioricé todo el dolor de ese momento y me lo tragué. Necesitaba que ella me viera fuerte y entendiera lo que le iba a decir.

– Necesito que hagas algo por mí, Victoria. Te pido por favor que los acompañes – digo.

– ¡No! Ricardo, ¿Acaso tú no ves que te amo y no puedo dejarte aquí? – me agarra de la camisa.

– Mi querida y amada Victoria, si te pido que vayas junto a ellos no es por mero capricho o porque me cause felicidad que te arranquen de mis brazos. No estoy para nada feliz y no te imaginas lo mucho que me duele todo esto, pero, yo te prometí que te cuidaría. Jamás me perdonaría si algo te llegase a suceder, estar aquí ya no es seguro para tí.

– ¿Y tú piensas que para tí si lo es? – me pregunta.

– No, no lo es. Pero, sabíamos bien que algo así podría pasar. Yo quiero luchar junto a todos aquellos valientes que hoy le han hecho frente a nuestros opresores y deseo ver una tierra libre a la cual puedas volver y ser mi esposa. Anhelo un lugar donde podamos establecer nuestra vida juntos y pienso que diciéndote que te quedes sería como arriesgar todo. Si te pasara algo, yo moriría. – le digo, ya de una manera decisiva.

Ella seguía sin querer razonar, pero a medida que iba a pasando las horas iba cayendo en cuenta que tenía razón hasta que al final terminó por aceptar lo inevitable. Antes de despedirnos de aquel lugar donde vió nacer nuestro amor nos volcamos en una ola desenfrenada de pasión como conmemoración de un gran amor. Uno único e inolvidable.

– Prométeme que no morirás, Ricardo.

– Te lo prometo, falta mucho por vivir juntos y esta no será una despedida. Te aseguro que pronto volverás, enfrentaré al mal y podremos por fin liberarnos de este infierno-

La beso como si no hubiese un mañana, dando por concluido aquel encuentro, sellando así la promesa de un amor profundo y puro, de aquellos jóvenes que sin buscarlo se encontraron para darle significado al otro.

Ella es mi vida, ahora, ella está muy lejos de toda esta pesadilla. Espérame amada mí. Pronto todo acabará. De ahora en adelante, lucharé para sobrevivir.

Lucharé para conseguir el paraíso.

Lucharé para traerla nuevamente.

 

Estoy listo para la batalla.